viernes, 26 de febrero de 2016

Breve historia de Egipto (desde el Reino Antiguo al Imperio Nuevo)

Egipto

El Reino Antiguo

            Abarca las dinastías III, IV y V (algunos incluyen la dinastía VI). Este período comprende desde el año 2675 AC hasta el 2350 AC.
            Dinastía III: Su primer faraón se llamó Sanajt, pero de él no se conoce nada. El segundo faraón, a quien se considera el verdadero fundador de la dinastía, se llamó Djeser, quien mandó a construir la Gran Pirámide de Sakkarah.
            Dinastía IV: Su primer faraón fue Snofru, quien dejó la imagen de un rey humano, generoso y justo. Construyó 3 pirámides. El segundo faraón fue Keops, quien es poco conocido, su nombre resulta familiar porque fue el que construyó la mayor de las pirámides de Giza. El tercer faraón fue Kefrén, quien construye la segunda pirámide de Giza. A él se le atribuye la esfinge de Giza, figura del rey transformado en Dios con cuerpo de león. El quinto faraón fue Micerino, constructor de la más pequeña de las pirámides de Giza.
            Dinastía V: al principio de esta dinastía aparece una importante figura femenina: Jentjaus, quien habría sido madre de dos faraones: Sahure y Neferirkare.

Principales características del período:
A-   Se produjo el auge de la religiosidad y del culto al dios Ra (o Re), por ello muchos faraones llevaran el nombre del dios Ra asociado al suyo (por ejemplo SahuRE, NeferirkaRE). Los faraones colman de ofrendas a los santuarios solares y construyen muchos obeliscos (emblemas del sol).
B-   Esta época está caracterizada por la prosperidad general. El estado estaba bien organizado y con un gobierno fuerte. Egipto se levantaba como un gran estado y a su alrededor aun no existía ningún otro estado que pudiese competir con él. La expansión egipcia se va a dar hacia el sur, siguiendo el curso del Nilo río arriba, hacia Nubia. Se realiuzaron varias campañas militares contra nubios y libios.
C-   Egipto sale de sus fronteras en busca de materias primas, piedras preciosas y metales. Por ejemplo, se exploran las canteras de Abu-Simbel en Nubia (se extraen piedras para las construcciones), se explotan las minas de cobre en Wadi Magarah (en el Sinaí), se empieza a comerciar con el país del Punt (de localización incierta, pero se cree que era más al sur de África o en la península arábiga).
D-   Para la administración del reino el faraón se apoyaba en una serie de importantes funcionarios. Algunos de ellos eran: “Jefe de las obras del rey”, “Superior de los graneros”, “Superior del tesoro”, etc. En la IV dinastía aparece el funcionario más importante de todos: el Visir (que era como un virrey). El Visir tenía la autoridad del faraón y sus órdenes había que cumplirlas como si las hubiese dado el mismo faraón. Se encargaba de la administración y de la justicia. Es posible que hubiese un Visir para el Alto y otro para el Bajo Egipto.


E-   Este es el período de mayor fortaleza de los faraones. El faraón siempre fue divino, pero nunca fue tan “dios viviente” como en estos tiempos. El faraón es el gran mediador entre la tierra y el mundo de los dioses. Encarna la divinidad, se sienta en su trono y cumple una función divina, que es mantener el orden. En la dinastía V disminuye el carisma del faraón, lo que se puede descubrir al mirar las tumbas: las de los faraones se vuelven más pequeñas y las de los sacerdotes y funcionarios más grandes y ricas. Por otra parte, también se vuelven más fuertes las noblezas locales (los gnomarcas). En la V dinastía ya se empieza a ver un problema que va a llevar a Egipto al caos. El faraón debe pagar cada vez más a los funcionarios, que son siempre más numerosos porque el estado se ha vuelto grande y complejo. Este proceso de pérdida de autoridad y poder del faraón y de crecimiento de la nobleza llevará a Egipto a una crisis que se conoce como Primer Período Intermedio. 

El Primer Período Intermedio

            Empieza en el año 2350 AC y llega hasta el año 2008 AC. Abarca las dinastías VI, VII, VIII, IX y X.
            El primer período intermedio fue una de las crisis más graves por las que atravesó Egipto. Es una época oscura, ya que nos falta mucha información para entenderla bien. Básicamente podemos decir que se produce un declive de los centros políticos tradicionales y un ascenso de los centros o poderes regionales. Junto a ello se produce una disminución del poder y la autoridad del faraón.
            Este período empieza con la VI dinastía. Su primer faraón se llamó Teti y fue asesinado. A Teti le sucede Pepi I, quien debió enfrentar varias conspiraciones de los funcionarios y de sus mismos familiares. El Alto y Bajo Egipto se comienzan a separar. Las autoridades locales se vuelven más fuertes y son ellas quienes van a atender a los problemas sociales y económicos.
            Los historiadores explican todo este proceso como una crisis originada en factores ecológicos y económicos. Hubo un proceso de desertificación con sequías prolongadas durante algunos siglos.... y esta época fue la peor. Hay complejos funerarios que hablan de las hambrunas de la época. Estas se originaron porque las crecidas del Nilo eran cada vez más chicas y ello ocasionaba que hubiese menos tierras disponibles para cultivar. En el Alto Egipto la situación fue más grave que en el Bajo Egipto. Las poblaciones vecinas (libios, nubios, arábigos) fueron empujados por las sequías hacia el Nilo, ocasionando guerras e inseguridad en las fronteras.
Los más perjudicados de todos fueron los campesinos. La falta de una autoridad central dejó desamparada a esta población, que sufría todo tipo de abusos e injusticias. Los textos de la época hablan de anarquía y desorden, inseguridad y miseria. Así como los campesinos fueron los que más sufrieron la crisis, hubo grupos que se enriquecieron rápidamente (por ejemplo, quienes podían acaparar grano y venderlo a precios altísimos en épocas de hambre o sequía).
Esta crisis prolongada provocó un cambio en la forma de pensar de los egipcios:
A-   El primer perjudicado fue el faraón, porque el faraón era el responsable de mantener el orden y el funcionamiento del universo. Hubo una pérdida de confianza en su figura. Se forma un nuevo ideal del monarca. El faraón debe ser un rey bueno, justo y atento al bienestar de sus súbditos. Esta es la imagen del faraón como “buen pastor” (muy alejada de considerarlo “como un dios viviente”).
B-   Por otra parte, la crisis también hizo surgir nuevas formas de pensar. Ante la crisis muchos tuvieron una mirada pesimista (decían que no valía la pena vivir), otros una mirada hedonista (hay que dedicarse a los placeres y disfrutar el momento), por último, otros tuvieron una actitud positiva (resaltando la dignidad del individuo y la actitud de respeto, equidad y justicia que se debe tener con todos los hombres).
C-   La crisis también llevó a cambios en las creencias religiosas. Como el faraón era el responsable de mantener el orden y no lo había hecho, se lo acusó de impiedad y de a poco se fue perdiendo la fe en los dioses tradicionales. Esto benefició a otros dioses de carácter local, como el Dios Amón de la localidad de Tebas.
D-   Esta época de crisis también llevó a que se difundiera el culto al dios Osiris (dios de la resurrección). Se empieza a creer que todo individuo va a tener acceso a un más allá bienaventurado (que antes era exclusivo del faraón). El difunto se podrá convertir en un espíritu poderoso que podrá interceder por los suyos.

El primer período intermedio finaliza de la siguiente manera. Las dinastías IX y X estuvieron formadas por una familia de la localidad de Heracleópolis (Bajo Egipto). Ellos empezaron a restablecer la situación, a expulsar extranjeros, repoblar territorios, a darle seguridad a las fronteras, etc. Pero también surge otro centro político importante en la ciudad de Tebas, en el Alto Egipto, quienes concentraban cada vez más poder y prestigio. Finalmente entran en guerra y la zona media de Egipto se transforma en un campo de batalla. Tebas va a salir victoriosa de la mano de Mentuhotep II (fundador de la dinastía XI y del Reino Medio). 

El Reino Medio

Va desde el 2008 AC hasta el 1630 AC. Abarca las dinastías XI, XII y XIII.
Con la dinastía XI se produce el ascenso de Tebas, que va a ser la nueva capital del reino, y la reunificación de Egipto. La unificación del país fue obra de Mentuhotep II.
Dinastía XI: una vez que el país estuvo unificado por obra de Mentuhotep II, el faraón despliega una intensa actividad política y militar: somete a los pueblos vecinos, lucha contra los libios y despeja el delta del Nilo de invasores, en Nubia somete a su autoridad algunos principados independientes que se habían formado y vuelve a llegar a Egipto el oro que se extraía de esa zona. Vuelve a aparecer el Visir, funcionario que había desaparecido durante el período anterior.
El segundo faraón fue Mentuhotep III, Él reabrió las rutas comerciales que iban al Mar Rojo y al desierto oriental. Se vuelven a despachar flotas al país del Punt.
El tercer faraón fue Mentuhotep IV. La única obra que se conoce de él es que mandó una expedición de 13.000 hombres al Wadi Hammamat con la misión de encontrar bloques de piedra para las construcciones. Con este faraón termina la dinastía envuelta en revueltas y enfrentamientos civiles.
Dinastía XII: aquí se da el momento de mayor esplendor del Reino Medio. Se enfrentan varios pretendientes al trono, pero finalmente Amenemhat I es el primer faraón de la dinastía. Aparentemente Amenemhat I no tenía origen real, sino que había sido el Visir del faraón anterior. Amenemhat era hijo de una nubia, pero lo que le dio legitimidad fue que él restableció el orden. Tuvo mucho respeto por los faraones de la anterior dinastía, tratando de mostrar que la suya era una continuación de la dinastía anterior.
Amenemhat I llega al trono gracias al apoyo de las aristocracias locales, a las que les otorga mayor autonomía. Fundó una nueva capital llamada “Ichi-Tauy” (cerca de Menfis) y abandonó Tebas. Las razones que tuvo para abandonar Tebas y fundar una nueva capital son: Tebas no tenía tradición de capital y estaba alejada de los lugares importantes, Ichi-Tauy estaba cerca del Delta (que requería mucha atención para evitar incursiones enemigas), finalmente, el ambiente de Tebas no era favorable a este usurpador del trono.
El segundo faraón será el hijo de Amenemhat, llamado Sesostris I. Éste se encargó de la actividad militar, de dirigir las campañas fronterizas y organizar el ejército. Medida oportuna, ya que su padre, Amenemhat I muere asesinado por un complot en el que estaban implicados miembros de su familia. Sesostris I, que estaba ausente realizando una campaña militar, vuelve para castigar a todos los implicados. De Sesostris quedó la imagen de un faraón modelo. Consolidó la monarquía, mejoró el gobierno y la administración en eficiencia y calidad, como lo demuestra la gran cantidad de edificios que construyó. Sesostris hará que Egipto tenga presencia en el Sinaí, que su autoridad sea respetada en Palestina y empezará a comerciar con la ciudad de Biblos (actual Siria). Pero la mayor actividad la realizó en Nubia, donde tuvo un control de tipo militar y donde construyó importantes fortalezas y puestos comerciales.
El tercer faraón fue Amenemhat II y el cuarto Sesostris II.
El quinto faraón fue Sesostris III. Con él el dominio sobre Nubia se consolida. Se construyen más fortalezas y se colocan estelas fronterizas (una suerte de banderas) que dicen que a partir de allí comienza la autoridad del faraón y que no debían pasar las poblaciones extranjeras. Si tanto despliegue militar hicieron los faraones en esta zona es porque en Nubia se estaban formando pueblos numerosos que podían llegarle a ocasionar problemas a Egipto. En Asia se produjo un aumento de tensión, violencia y rivalidad con los pueblos de la franja sirio-palestina, lo que llevó a que se realizara una importante campaña militar.
En el plano interno, parece que Sesostris III afianza la autoridad del monarca haciendo desaparecer muchos cargos provinciales, como el del gnomarca. A cambio de ello dividió Egipto en tres provincias y puso un gobernador al frente de cada una de ellas.
El sexto faraón será Amenemhat III y después de él la dinastía se cierra con una reina: Nefrujobek.
Dinastía XIII: con esta dinastía se produce la decadencia y el paso hacia el Segundo Período Intermedio. Es un período de más de 100 años en el que de a poco se empiezan a ver síntomas de debilidad. Los soberanos se suceden con rapidez, reflejando una mayor inestabilidad del gobierno. Algunos faraones llevan nombres que delatan un origen no real. Hay visires que se mantienen en el podes mientras pasan varios faraones, lo que parece mostrar que el poder lo tenían ellos. El ejército trató de mantener cierto poder y puede que haya llevado a algún general al trono. El país se empieza a desintegrar y queda en manos de los linajes locales. Las poblaciones vecinas se empiezan a infiltrar en territorio egipcio (beduinos, otros pueblos procedentes de Asia, etc.). 

El Segundo Período Intermedio

            Abarca un período breve, de unos cien años (del 1630 AC hasta el 1539 AC).
            Este período está relacionado con un pueblo extranjero: los Hiksos. Ellos eran las poblaciones buduínicas de los desiertos cercanos a Egipto. Eran pueblos de origen semítico, emparentados con las poblaciones de Palestina. Habían comenzado a ingresar, lentamente y en forma pacífica, ya en el Reino Medio. Se habían establecido en la zona del Delta. Ellos aprovecharon un momento de debilidad para hacerse del poder en la zona del Delta. Las dinastías XV y XVI fueron Hiksas.
            Para los egipcios éste fue un período vergonzoso, tratando de borrarlo de su memoria. Supuso un duro golpe a la tradicional seguridad del país, lo que los hará temerosos de que se pueda repetir algo así y los llevará a convertirse en una potencia militar. Por los Hiksos los egipcios se lanzan fuera de su territorio, involucrándose en los problemas del Próximo Oriente.
            Los Hiksos establecen su capital en la localidad de Tell El Daba, pero le cambian su nombre por Avaris. Conquistan Menfis e Ichi-Tauy y producen la extinción de la Dinastía XIII (la última del Reino Medio). Los Hiksos controlaron una pequeña parte del territorio y aceptaron una cierta independencia del resto del país a cambio del pago de impuestos y tributos.
            La dinastía que volverá a unificar el reino será la Dinastía XVII que era de Tebas. Esta dinastía fue pobre y cerrada, pero quiso restaurar la grandeza de Egipto, por ello será una dinastía belicosa y guerrera (hasta en las tumbas de las reinas y princesas se colocaban armas). Esta dinastía tebana pagaba impuestos y tributos a los Hiksos, como todo Egipto, hasta que se rebelaron. Parece ser que Apopi, gobernante Hikso, le hizo una extraña exigencia a Sekenenre Taa II “El Bravo”, gobernante de Tebas. No sabemos que le pidió, pero si sabemos que ellos iniciaron los enfrentamientos. Con Sekenenre los tebanos llegan a dominar el Egipto Medio, pero Sekenenre muere, seguramente en combate, y le sucede su hijo: Kamosis. Con él los tebanos toman la iniciativa con un claro espíritu agresivo. Una estela de piedra que se conserva relata el momento en el que Kamosis decide ir a la guerra:
“Su majestad habló en su palacio al consejo de notables que le acompañaba: Quisiera saber para que sirve mi fuerza, cuando hay un príncipe en Avaros y otro en Nubia y yo estoy aquí sentado entre un asiático y un nubio... Yo no los voy a tolerar... ningún hombre tiene reposo, agotado como está por las corveas de los asiáticos. Voy a enfrentarme con él para rajar su cuerpo. Mi deseo es rescatar Egipto y expulsar a los asiáticos”.
            Kamosis enfrentará a muchos gobernantes locales que le eran fieles a los Hiksos y de a poco los va derrotando. Incluso llega hasta Avaris, la saquea, pero como no se puede mantener en la zona regresa a Tebas. El poder de Kamosis residía en la flota egipcia, lo que le daba una rápida movilidad. Kamosis interceptó una carta del rey Hikso a un rey de Nubia para unir fuerzas contra él. A partir de ese momento se tendrá mucho cuidado de no abandonar la frontera sur del país. Todas las victorias de Kamosis eran atribuidas al dios Amón, que fue el abanderado divino de la lucha contra los Hiksos. Ello lo transformará en el patrono de la actividad imperialista de los egipcios durante el Imperio Nuevo.
Seguramente Kamosis murió en batalla y fue sucedido por su hermano: Ahmosis. A él es a quien se debe el mérito de la derrota definitiva de los Hiksos y su expulsión del país. 

El Imperio Nuevo

Comprende las Dinastías XVIII, XIX y XX y va desde el 1539 AC al 1075 AC. Con el Imperio Nuevo entramos en uno de los más brillantes y atractivos períodos de la historia de Egipto. Resulta interesante porque Egipto vivió en esta época un período de expansión (al liquidar a los Hiksos se desbordó por sus fronteras al norte y al sur, llegando a ser el líder de todo Oriente) y un clima favorable en lo político y económico. Además, de esta época son algunas de las personalidades más conocidas de su historia: Ajenatón, Ramsés II o Tutanjamón.
Dinastía XVIII: Luego de expulsar a los Hiksos, Ahmosis tuvo que reforzar la frontera Nubia y desplegó una importante actividad militar tanto de cara a Asia como al sur africano. La principal tarea de su gobierno fue reconstruir el país, volver a poblar zonas que se habían deshabitado, fomentar la agricultura y el comercio, etc. Al morir dejó la imagen de un buen faraón. Junto a Ahmosis aparece una importante figura femenina: Nefertary, su esposa. Se la recuerda como una mujer enérgica y una gobernante firme. Ella fue la primera de una serie de reinas importantes que tuvo todo el Imperio Nuevo. El papel de la reina se fortaleció ya que estuvo asociada al Dios Amón y porque muchos faraones tuvieron reinados cortos y las reinas gobernaron hasta que sus hijos alcanzaron la edad de gobernar.  
A Ahmosis le sucede Amenofis I, que también estuvo más preocupado por la recuperación de Egipto que por la política exterior. Luego llegó al trono Tutmosis I, que va a ser el primer gran conquistador de la dinastía. Es el modelo del faraón guerrero, agresivo y heroico que servirá de modelo a los faraones siguientes. Penetró en Nubia como nunca lo habían hecho los egipcios y en Asia llegó hasta el río Orontes (en Siria).
A la muerte de Tutmosis I aparece una de las más importantes figuras femeninas de Egipto: Hatshepsut. Hija de Tutmosis I, fue la esposa del siguiente faraón (Tutmosis II), pero como su esposo tuvo un corto reinado fue la regente de su hijo: Tutmosis III. Es decir, Hatshepsut empezó a gobernar en Egipto en nombre de su hijo que era un niño. Lo que llama la atención es que, en un determinado momento, Hatshepsut se adjudicó la dignidad de faraón, pasando a utilizar todos los títulos y dignidades propias de los faraones. Incluso su imagen se masculinizó, tratando de disimular su aspecto femenino. En ese momento Egipto tuvo una corregencia, es decir, dos reyes gobernando juntos, aunque el poder lo debió tener Hatshepsut. Ella se mantuvo en el trono durante más de 20 años. No fue un gobernante-guerrero ya que el país estuvo en paz. Se le recuerda por una célebre expedición al país del Punt, que causó asombro entre sus contemporáneos.
Luego de más de 20 años de gobierno, Hatshepsut desapareció de la escena política. No se sabe si murió o si ella le cedió el poder a su hijo. Lo cierto es que Tutmosis III se volcó a una actividad militar impresionante, lo que lo transformó en uno de los mayores conquistadores egipcios. Grabó el relato de sus campañas en el templo de Karnak. Allí se cuentan los pormenores de las 14 o más campañas que, año tras año, realizó en Asia. Las más importantes fueron el asedio y la toma de la ciudad fortificada de Meggido y la campaña contra el reino de Mitanni. El relato del templo de Karnak siempre presenta al faraón como valeroso y arrojado, mientras sus consejeros, que aparecen como temerosos, le recomiendan prudencia. El triunfo que siempre consigue el faraón resalta su valentía y el hecho de estar bajo la protección de Amón y Ra. No sólo lo militar ocupó su reinado, también fue un gran constructor de templos dedicados a Amón, divinidad que, según los relatos, lo eligió para llegar al trono (cuando él era un joven príncipe estuvo presente en una procesión donde se paseaba una estatua de Amón, la estatua se detuvo donde él estaba, indicando que lo elegía para subir al trono). Además, fue un faraón muy culto e instruido, interesándose por la historia egipcia y por las ciencias naturales de su época (en cada campaña asiática elaboraba listas de plantas y animales que no eran conocidos en Egipto).
Tutmosis IV: Su reinado presenta cambios importantes. El crecimiento imparable del reino Hitita hace que los egipcios y los mitannios, sintiéndose amenazados, estrechen lazos de amistad. El faraón se casará con una princesa de Mitanni y ambos reyes se repartirán pacíficamente Siria y Palestina.
Amenofis III tuvo un largo y pacífico reinado. Como todas las fronteras estaban en paz, se dedicó a construir grandes templos (como el templo dedicado a Amón en Luksor). Pocos faraones de esta dinastía recibieron tanto culto como él. Si bien es cierto que todo faraón es por definición un dios, ya vimos que esta creencia sufrió muchos cambios de una época a otra o, incluso, de un reinado a otro. Pero a Amenofis III se lo adoró en vida como a un “rey sol” o como “león de reyes”. Se cree que este soberano murió por problemas de salud. Los estudios que se hicieron sobre su cuerpo momificado indican que padecía grandes dolencias. Quizá por ello antes de morir le haya dedicado tantas estatuas a la diosa Sekhmer (diosa de la curación) o que el rey de Mitanni le haya enviado una estatua sanadora de la diosa Ishtar de Nínive.
Amenofis IV fue un faraón muy conocido e importante por la reforma religiosa que llevó a cabo. Exaltó a una divinidad un tanto especial, el disco solar o el Atón. Esta no era una novedad religiosa, ya que el Atón siempre había estado relacionado con los cultos solares, pero no como un dios sino como el lugar en el que reside el dios solar. Algunos sostienen que este faraón sintió al dios Amón de Tebas (su culto, la riqueza y la influencia de sus sacerdotes) como un rival de la monarquía, como algo que le podía competir en poder, por lo que comenzó este culto al Atón para restarle fuerzas a los seguidores de Amón. Al principio, este faraón construyó grandes templos dedicados al Atón en la ciudad de Tebas, pero el ambiente de esta ciudad, con todos los templos y sacerdotes de Amón, no le gustó al soberano. En el quinto año de su reinado elige el lugar en el que construirá una nueva ciudad ubicada en el Egipto Medio, cerca de la actual Tell el Amarna. Parece que Amenofis IV buscaba un lugar virgen, que no contara con la presencia de otros dioses. Junto a este cambio de capital, a la cuál llamará Ajetatón (El horizonte de Atón), también cambiará su nombre por el de Ajenatón (Benéfico para el Atón). Ajetatón es una de las pocas ciudades egipcias de la época que han quedado casi intactas hasta la actualidad. Y ello se debe a su corta vida como capital y a que fue abandonada totalmente a la muerte del soberano. Hacia el final del gobierno de Ajenatón comienzan a producirse hechos obscuros: mueren muchos miembros de la familia real, de empieza a perseguir y a destruir los templos dedicados a Amón y a otros dioses tradicionales de Egipto. El problema fue que, sin llegar a ser monoteísta, la creencia en el Atón hizo incompatible el culto a los otros dioses tradicionales de Egipto. De todas maneras, este nuevo culto no tuvo mucha aceptación en la sociedad. Sólo se lo practicó en algunas grandes ciudades y, en general, el pueblo se mantuvo fiel a sus dioses tradicionales.
No sabemos cuando ni cómo murió Ajenatón, pero tras su muerte se abre un período confuso en el que se suceden varios soberanos. Uno de ellos fue Tutanjamón, muy conocido porque se descubrió su tumba en 1922. Muchos historiadores se han preguntado porqué su tumba conservaba un tesoro tan espléndido siendo un faraón poco importante y que gobernó poco tiempo. La respuesta está en que Tutanjamón fue muy importante desde el punto de vista religioso, ya que fue el primer faraón que volvió al culto de los dioses tradicionales egipcios. Por ello cambió su nombre de    Tut-Anj-Atón por el de Tut-Anj-Amón (La imagen viviente de Amón). No se sabe si este faraón fue hijo o medio hermano de Ajenatón. En su corto reinado, Tutanjamón abandonó Ajetatón y residió en Tebas o en Menfis, volvió a la religión tradicional y promulgó un decreto llamado “Decreto de la Restauración”, donde habla de lo mal cuidados que estaban los templos egipcios y de su voluntad de reconstruirlos y hacerlos más hermosos. Tutanjamón murió joven, quizás a causa de una herida. Fue enterrado muy rápido y su momia no quedó bien preparada, lo que hizo que la conservación de su cuerpo sea lamentable.
El último gobernante de la dinastía será Horemheb, un funcionario de carrera y militar experimentado. El más grande acierto de su reinado fue haber dejado asegurada la sucesión con la elección de un militar, que no era de sangre real pero que tenía hijos adultos (con lo que se aseguraba una dinastía): el futuro Ramsés I, fundador de la Dinastía XIX.
Los Ramésidas (Dinastías XIX y XX):
El origen de Ramsés I y su familia estaba en el Bajo Egipto. Ello explica la devoción de estas dinastías a los dioses del norte (Seth, Ptah, Ra, etc.) y que instalaran la capital en el Delta Oriental, la que se llamará Pi-Ramsés (donde había estado instalada Avaris, la capital de los Hiksos). Ramsés I gobernó poco tiempo porque ya era un hombre grande al acceder al trono. Lo sucedió su hijo: Seti I.
En el gobierno de Seti I se inicia la destrucción de todos los templos y lo que había estado relacionado con Atón (incluso las tumbas de Ajenatón y su familia). Seti I desplegó una política exterior agresiva, haciendo que Egipto recupere los territorios perdidos en Siria y Palestina. Buen gobernante, a su muerte parecía que no podía llegar un mejor faraón, pero lo sucedió Ramsés II, uno de los más grandes faraones de la historia egipcia.
Ramsés II fue quien construyó la nueva capital: Pi-Ramsés. Este faraón desplegó sus increíbles cualidades de gobierno beneficiando a todo Egipto. Fue un estudioso del pasado y ello lo llevó a restaurar muchos de los grandes monumentos egipcios, entre ellos, las pirámides de Giza y Sakkarah. Como todos los grandes faraones del Imperio Nuevo, desplegará una intensa política exterior: librará batallas contra libios y nubios. Pero sobre todo, su actividad militar se desplegó en Asia, donde enfrentó a su más peligroso rival: el Imperio Hitita. En ese contexto se dio la famosa batalla de Kadesh, la mejor conocida de todas las batallas del ejército egipcio ya que Ramsés II la hizo representar en relieves acompañados de texto en muchos templos. A pesar de que la batalla fue una victoria estratégica de los hititas, en los templos se la presenta muy favorable al faraón, ya que el ejército egipcio estaba a punto de perder, pero una intervención valiente y decidida del faraón logra finalmente la victoria.
En el plano internacional el próximo oriente vivía una situación muy compleja. De a poco Asiria se iba volviendo una potencia que hacía temer al reino Hitita. Los primeros movimientos de los Pueblos del Mar ya se empezaban a sentir (este grupo de pueblos azoló el Mediterráneo, hasta el día de hoy no se sabe de donde eran originarios). Además, el reino Hitita tenía problemas internos, por lo que Ramsés II y el rey Hitita firmaron un Tratado de Paz (uno de los más antiguos que existen de este tipo y del cuál se conservan copias de las dos partes).
El sucesor de este gran faraón será Mineptah. En su reinado Egipto enfrenta serios problemas de seguridad en sus fronteras provocados por pueblos que quieren establecerse en su territorio. Si bien el faraón tuvo éxito en impedir que ingresaran extranjeros, ahora Egipto parece adoptar una política defensiva, abandonando el espíritu expansionista. La amenaza más grande no vino de Asia sino del desierto de libia, de donde llegaban oleadas de hombres al delta y a la zona del Egipto Medio. Mineptah también intervino en el sur de Palestina, tal como lo atestigua la Estela de Israel, que es un documento que por primera vez menciona al pueblo israelita entre los pueblos vencidos por los egipcios (por ello algunos creen que el Éxodo de Egipto se produjo bajo los Ramésidas). Con la muerte de Mineptah se produjo una gran crisis que llevó al final de la dinastía.
La Dinastía XX empieza con Ramsés III, el último gran faraón del Imperio Nuevo. Todos los faraones de esta dinastía se llamarán Ramsés, terminando con Ramsés XI.
Ramsés III fue célebre por pelear contra los libios, que de a poco se fueron infiltrando en Egipto y por enfrentar victorioso a los Pueblos del Mar. Este grupo de pueblos tiene un origen misterioso. Dos de los pueblos que lo formaron con mucha probabilidad fueron los filisteos (que se instalaron al sur de Palestina) y los aqueos (que se instalaron en Grecia). Azolaron a todos los reinos del Mediterráneo oriental, de hecho, el reino Hitita cayó peleando contra ellos y desapareció de la historia por su culpa. El mérito de Ramsés III fue haberlos derrotado en una batalla terrestre y luego en una batalla naval en el Delta del Nilo. Las victorias de Ramsés preservaron el país de las crisis que sufrieron otros reinos y le permitieron conservar su independencia y homogeneidad cultural. Desde el punto de vista interno, el gobierno de Ramsés III no fue bueno, ya que hubo muchos conflictos ocasionados por una mala administración. Ello llevó a que hubiese mucho descontento y revueltas. También hubo conspiraciones y conflictos entre el faraón y otros aspirantes al trono.
Todos los faraones que siguieron a Ramsés III fueron poco importantes y sus gobiernos empeoraron la situación del país, que marchaba nuevamente a una gran crisis, como las que se dieron en los períodos intermedios.

NOTA: al finalizar la Dinastía XX Egipto ingresó en el Tercer Período Intermedio (1075 AC al 656 AC), que en realidad fue una larga crisis de la cuál el país no se recuperó jamás. Egipto, entendido como una gran cultura y un gran reino, no volvió a existir. Pasó a ser un reino pequeño, empobrecido, influenciado o dominado por potencias extranjeras (primero los asirios, luego los persas, los griegos y, por último, los romanos). Su territorio se redujo. Incluso el Alto Egipto, con Tebas como capital, empezó a llevar una vida casi independiente.
            
Estas notas sobre la historia de Egipto son una breve síntesis de un excelente manual: Historia Antigua del Próximo Oriente, Joaquín Sanmartín y José Miguel Serrano, Editorial Akal, 1998, España. 

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